07.06.2009, 19:20
Estos seres extraños, vibrantes y coloridos, fueron creados hace más de medio siglo.
La palabra alebrije ingresó al vocabulario mexicano en 1936, haciendo referencia a unos seres extraños, de vibrante colorido.
Desde entonces, estos seres imaginarios han cobrado vida propia y actualmente, a casi 75 años de su nacimiento, son considerados una de las artesanías más representativas de nuestro país.
Ensoñación
El popular barrio de la Merced vio crecer a Pedro Linares, un hombre de clase media baja que desde pequeño aprendió el oficio de la cartonería.
Linares perdió a uno de sus hermanos en la Guerra Cristera, por lo que se quedó como único varón entre cuatro mujeres. Por eso, desde que era niño, trabajó muy duro para ayudar en los gastos de su casa.
Se ganaba la vida haciendo máscaras para el Antiguo Colegio de San Carlos, le vendía algunas piezas a Diego Rivera y, su especialidad, eran los judas, que se quemaban durante la Semana Santa.
Mi abuelito era conocido como el maestro de los judas en el barrio y sus alrededores, pues además de que todo el año se la pasaba elaborando estos personajes, fue el primero en sacar un permiso en la delegación para poder venderlos en las calles, narra para KIOSKO, su nieta, Elsa Linares.
Pero la vida de este artesano cambió cuando enfermó gravemente, se le reventó una úlcera estomacal que lo mantuvo en cama por varios días, con fiebres que rebasaban los 40 grados centígrados.
En ese tiempo, ir al médico salía muy caro y además la medicina no estaba tan avanzada, por lo que se recurría a otras alternativas de curación como la herbolaria.
María, una de sus hermanas, practicaba este tipo de medicina alternativa por lo que le dio los primeros auxilios, pero fue en vano, pues Pedro cada vez se ponía peor.
Un día dejó de moverse y ya no abría los ojos ni se quejaba, por lo que pensaron que había muerto, de tal forma que organizaron su velorio al que todos los amigos y familiares asistieron para darle el último adiós.
El cuerpo del maestro de los judas yacía en su cama rodeada de cirios blancos y flores, pero su mente estaba en otro lado.
Recuerdo perfectamente el relato de mi abuelito, nos decía que esa ocasión soñó que se encontraba en un bosque lleno de hermosos arbustos, nubes, flores y árboles.
Sólo que este espacio estaba poblado por unas vocecillas angelicales, que lo hacían sentirse muy a gusto y feliz. Después de caminar un rato por aquellos pasajes, la fauna, el cielo y todos los demás elementos se comenzaron a revolver para crear unos seres extraños.
Burros con alas, serpientes con patas de gallo, mariposas con cara de hormiga y demás personajes llenos de colores brillantes. Y aquellas voces agudas gritaban: Alebrijes, alebrijes.
Hasta el punto de lastimar los oídos de Pedro, por lo que caminó, acompañado de estos extraños animales, para salir de aquel bosque, puntualiza Elsa.
En ese momento se levantó de la cama, dándoles un gran susto a todos los dolientes y comenzó a contar su sueño, que le había parecido tan real.
Obviamente todos pensaron que había quedado loco y ya nadie lo tomaba en serio. Inmediatamente empezó a darle forma a los alebrijes, que tanto lo habían impactado, con la técnica que dominaba, la cartonería.
Los tenía en su taller junto con los judas y las máscaras, y sus clientes al verlos quedaban maravillados con las piezas y comenzaron a comprarlas.
Gracias a un sueño producto de una enfermedad o de una gran imaginación o quizá de algún truco cerebral nacieron, en 1936, los alebrijes.
![[Imagen: alebrije-57768.jpg]](http://www.blogartesanum.com/wp-content/uploads/alebrije-57768.jpg)
![[Imagen: alebrije-57595.jpg]](http://www.blogartesanum.com/wp-content/uploads/alebrije-57595.jpg)
![[Imagen: alebrije-57545.jpg]](http://www.blogartesanum.com/wp-content/uploads/alebrije-57545.jpg)
La palabra alebrije ingresó al vocabulario mexicano en 1936, haciendo referencia a unos seres extraños, de vibrante colorido.
Desde entonces, estos seres imaginarios han cobrado vida propia y actualmente, a casi 75 años de su nacimiento, son considerados una de las artesanías más representativas de nuestro país.
Ensoñación
El popular barrio de la Merced vio crecer a Pedro Linares, un hombre de clase media baja que desde pequeño aprendió el oficio de la cartonería.
Linares perdió a uno de sus hermanos en la Guerra Cristera, por lo que se quedó como único varón entre cuatro mujeres. Por eso, desde que era niño, trabajó muy duro para ayudar en los gastos de su casa.
Se ganaba la vida haciendo máscaras para el Antiguo Colegio de San Carlos, le vendía algunas piezas a Diego Rivera y, su especialidad, eran los judas, que se quemaban durante la Semana Santa.
Mi abuelito era conocido como el maestro de los judas en el barrio y sus alrededores, pues además de que todo el año se la pasaba elaborando estos personajes, fue el primero en sacar un permiso en la delegación para poder venderlos en las calles, narra para KIOSKO, su nieta, Elsa Linares.
Pero la vida de este artesano cambió cuando enfermó gravemente, se le reventó una úlcera estomacal que lo mantuvo en cama por varios días, con fiebres que rebasaban los 40 grados centígrados.
En ese tiempo, ir al médico salía muy caro y además la medicina no estaba tan avanzada, por lo que se recurría a otras alternativas de curación como la herbolaria.
María, una de sus hermanas, practicaba este tipo de medicina alternativa por lo que le dio los primeros auxilios, pero fue en vano, pues Pedro cada vez se ponía peor.
Un día dejó de moverse y ya no abría los ojos ni se quejaba, por lo que pensaron que había muerto, de tal forma que organizaron su velorio al que todos los amigos y familiares asistieron para darle el último adiós.
El cuerpo del maestro de los judas yacía en su cama rodeada de cirios blancos y flores, pero su mente estaba en otro lado.
Recuerdo perfectamente el relato de mi abuelito, nos decía que esa ocasión soñó que se encontraba en un bosque lleno de hermosos arbustos, nubes, flores y árboles.
Sólo que este espacio estaba poblado por unas vocecillas angelicales, que lo hacían sentirse muy a gusto y feliz. Después de caminar un rato por aquellos pasajes, la fauna, el cielo y todos los demás elementos se comenzaron a revolver para crear unos seres extraños.
Burros con alas, serpientes con patas de gallo, mariposas con cara de hormiga y demás personajes llenos de colores brillantes. Y aquellas voces agudas gritaban: Alebrijes, alebrijes.
Hasta el punto de lastimar los oídos de Pedro, por lo que caminó, acompañado de estos extraños animales, para salir de aquel bosque, puntualiza Elsa.
En ese momento se levantó de la cama, dándoles un gran susto a todos los dolientes y comenzó a contar su sueño, que le había parecido tan real.
Obviamente todos pensaron que había quedado loco y ya nadie lo tomaba en serio. Inmediatamente empezó a darle forma a los alebrijes, que tanto lo habían impactado, con la técnica que dominaba, la cartonería.
Los tenía en su taller junto con los judas y las máscaras, y sus clientes al verlos quedaban maravillados con las piezas y comenzaron a comprarlas.
Gracias a un sueño producto de una enfermedad o de una gran imaginación o quizá de algún truco cerebral nacieron, en 1936, los alebrijes.
![[Imagen: alebrije-57768.jpg]](http://www.blogartesanum.com/wp-content/uploads/alebrije-57768.jpg)
![[Imagen: alebrije-57595.jpg]](http://www.blogartesanum.com/wp-content/uploads/alebrije-57595.jpg)
![[Imagen: alebrije-57545.jpg]](http://www.blogartesanum.com/wp-content/uploads/alebrije-57545.jpg)