29.01.2009, 08:56
El Centro es ese lugar único donde una devota mujer encuentra el traje a la medida para su Niño Dios: A él no le gusta lo corriente, sólo se pone lo elegante. No repite el del año anterior, no usa los de tianguis.
Es el gusto que, a su paso por el DF, se da un michoacano para comprar un sombrero Tardan. Es la infalible respuesta para un vecino de Tepotzotlán quien a pesar de tres horas de viaje, encuentra en una antigua farmacia la medicina que en sus rumbos no halló.
Es punto obligado para los novios ansiosos por comparar precios de las argollas; es la última salida para los infieles que esperan el perdón mediante un mariachi.
No hay otro lugar con sus especializaciones: joyerías, imprentas, telas, ropa de bautizos, cámaras de foto, lámparas, museos, libros viejos, instrumentos musicales, oficinas de gobierno, computación, calzado y papelerías.
A pesar de que muchos se frenan para ir a él por la inseguridad o las marchas, el Centro se mueve: según estimaciones del Fideicomiso del Centro Histórico México llegan dos millones cada día.
Con todo y que el más reciente análisis al respecto, realizado en 2006 por el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad, refería que eran un millón 300 mil personas, el titular del Fideicomiso, Inti Muñoz, explica que sumando usuarios del Metro y de acuerdo con lo que registran las cámaras de Seguridad Pública, la cifra ha aumentado 50% tras la salida de ambulantes y con la puesta de eventos como la pista de hielo o la ofrenda a los muertos. En el festejo a los difuntos en 2008 fueron al Zócalo, en el fin de semana, 3.5 millones.
En contraste, durante la noche el Centro se mueve a menor intensidad, y la vivienda sigue sin crecer. Según el conteo de población 2005, en las 668 manzanas que componen los perímetros A y B del Centro viven 150 mil 685 personas, es decir, 1.7% de la población del DF.
En torno de Regina, Mesones, El Salvador, Uruguay y Venustiano Carranza, además del Claustro de Sor Juana y la Universidad de la Ciudad, han arribado el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset y la recién restaurada Biblioteca de Hacienda. En unos meses se trasladará el Instituto Matías Romero al que fuera el edificio de San Felipe Neri El Viejo.
Regina, donde se encuentra el corredor cultural, es una suerte de modelo: además de la inversión, se trabaja conjuntamente entre instituciones gubernamentales, centros educativos y culturales, y vecinos.
Toda esta zona adquirió una personalidad nueva, nuevos usuarios, vida de calle, expresiones culturales. Lo importante ahora es mantenerlo, dice Alejandra Moreno Toscano, autoridad del Centro Histórico.
Por parte del sector privado, la zona ha visto la apertura de cafés y centros culturales, tiendas, restaurantes, centros comerciales e incluso un hotel de una reconocida firma internacional en la calle de Uruguay.
Es el gusto que, a su paso por el DF, se da un michoacano para comprar un sombrero Tardan. Es la infalible respuesta para un vecino de Tepotzotlán quien a pesar de tres horas de viaje, encuentra en una antigua farmacia la medicina que en sus rumbos no halló.
Es punto obligado para los novios ansiosos por comparar precios de las argollas; es la última salida para los infieles que esperan el perdón mediante un mariachi.
No hay otro lugar con sus especializaciones: joyerías, imprentas, telas, ropa de bautizos, cámaras de foto, lámparas, museos, libros viejos, instrumentos musicales, oficinas de gobierno, computación, calzado y papelerías.
A pesar de que muchos se frenan para ir a él por la inseguridad o las marchas, el Centro se mueve: según estimaciones del Fideicomiso del Centro Histórico México llegan dos millones cada día.
Con todo y que el más reciente análisis al respecto, realizado en 2006 por el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad, refería que eran un millón 300 mil personas, el titular del Fideicomiso, Inti Muñoz, explica que sumando usuarios del Metro y de acuerdo con lo que registran las cámaras de Seguridad Pública, la cifra ha aumentado 50% tras la salida de ambulantes y con la puesta de eventos como la pista de hielo o la ofrenda a los muertos. En el festejo a los difuntos en 2008 fueron al Zócalo, en el fin de semana, 3.5 millones.
En contraste, durante la noche el Centro se mueve a menor intensidad, y la vivienda sigue sin crecer. Según el conteo de población 2005, en las 668 manzanas que componen los perímetros A y B del Centro viven 150 mil 685 personas, es decir, 1.7% de la población del DF.
En torno de Regina, Mesones, El Salvador, Uruguay y Venustiano Carranza, además del Claustro de Sor Juana y la Universidad de la Ciudad, han arribado el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset y la recién restaurada Biblioteca de Hacienda. En unos meses se trasladará el Instituto Matías Romero al que fuera el edificio de San Felipe Neri El Viejo.
Regina, donde se encuentra el corredor cultural, es una suerte de modelo: además de la inversión, se trabaja conjuntamente entre instituciones gubernamentales, centros educativos y culturales, y vecinos.
Toda esta zona adquirió una personalidad nueva, nuevos usuarios, vida de calle, expresiones culturales. Lo importante ahora es mantenerlo, dice Alejandra Moreno Toscano, autoridad del Centro Histórico.
Por parte del sector privado, la zona ha visto la apertura de cafés y centros culturales, tiendas, restaurantes, centros comerciales e incluso un hotel de una reconocida firma internacional en la calle de Uruguay.